La doble vida del kendoka

 

 
Al primer momento la imagen que se me vino a la cabeza fue la de un superhéroe, bien exagerado y pomposo, “a lo yanqui” (aunque sería más coherente al ámbito quizás pensar en las series japonesas de “Kamen Rider”), un Superman digamos, luchando por mantener oculta su verdadera identidad, salvando al mundo y realizando su trabajo de reportero. Quizás nuestras vidas no sean tan fantásticas, pero de una manera similar todo Kendoka (o artista marcial en general o deportista amateur) debe repartir su tiempo drásticamente entre dos vidas separadas.

Todos queremos progresar en nuestro camino, mejorar nuestro estado físico, agilizar nuestra mente, pulir nuestras habilidades, pero es difícil cuando el hacer esto no nos pone pan sobre la mesa y nos demanda tanto o más tiempo como aquellas actividades que sí lo hacen, sin mencionar los estudios y nuestra amada familia.

¿Cómo lograr practicar 2 exhaustivas horas cuando estuvimos todo el día resumiendo libros, cumpliendo fechas límites para un proyecto, lidiando con clientes o simplemente teniendo que haberse hecho cargo de los -arduos- quehaceres del hogar?

A fin de cuentas y pensándolo fríamente, uno practica Kendo lisa y llanamente porque le gusta, nadie lo obliga, sino todo lo contrario: es común que tengamos que justificar a personas ajenas al ambiente el porqué nos sometemos al estrés físico y emocional que implica dejar cuerpo y alma dentro de un Dojo, cubriéndonos con un equipo pesado y que -en especial en días de humedad- se vuelve como un gran trapo mojado que nos constriñe, pero es, según creo, “una pasión”, algo que no puede controlarse, aunque claro, que no para todos tendrá la misma importancia.

Es por eso que digo que la nuestra es una doble vida. Teniendo que repartir los tiempos, siempre con una meta fija, claro, pero debiendo sacrificar momentáneamente esa que sea nuestra mayor prioridad personal y, si se quiere, egocéntrica para suplir los demás aspectos de nuestra vida.

Aunque no termina allí, sino que hay un factor que, llevemos la vida que llevemos, está allí. Nos acompaña todo el tiempo, nos hace sentir la fuerza, el calor, el frío y el cansancio: nuestro cuerpo. Así como dedicamos tiempo a realizar todas las actividades necesarias para seguir adelante, no podemos restarle importancia al “mantenimiento” y descanso de nuestro cuerpo, o de lo contrario este no se hará esperar, pasándonos factura en forma de dolores crónicos, lesiones, o incluso enfermedades, pero ya habrá tiempo para hablar de este tema en otra nota.

Por último, un comentario de Ramiro Chababo sobre este tema:

El kendo es una actividad que requiere mucha dedicación, creo que todos tenemos que aprender a administrar nuestro tiempo; pero de mi punto de vista la habilidad de “administrar el tiempo” es algo muy valioso no solo en la práctica sino también en todos los aspectos de la vida. Ya sea que trabajemos/estudiemos y como gran parte de los Kendokas que conozco estudiemos Japonés, u otros que realizan actividades como salir a bailar/tomar/escuchar música/practicar otra actividad, todas estas cosas requieren bastante tiempo, y está en nosotros decidir a cuál de todas las actividades que realizamos dedicarles más o menos tiempo, queda claro que como vos mencionás , Seba, sería imposible sacarle tiempo al trabajo o al estudio ya que estos son obligaciones que todos tenemos que cumplir, pero si podemos decidir qué hacer con nuestro amado “tiempo libre”, entonces podemos tomar la decisión de convertir al kendo en casi una obligación e ir todas las prácticas, o podemos decidir realizar alguna otra actividad y descansar nuestro cuerpo para tener probablemente un rendimiento máximo en las prácticas a las que asistimos; aunque hay que considerar que la cantidad de prácticas a las que asistamos probablemente demuestren nuestra dedicación al kendo, y de esta forma volvemos al principio del post “el kendo es una actividad que requiere mucha dedicación”.

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